La Paz: Don Tapia, el linyera que logró transformarse en una leyenda

Departamentales 04 de diciembre de 2017 Por
Vivió en una cueva durante 22 años a la orilla de la ruta 7 a tres kilómetros al Oeste de Desaguadero. Falleció en 1989 y desde entonces muchos dicen que se trata de un hombre milagroso.
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El hombre, no solía frecuentar el pueblo, pero la gente siempre iba hasta su cueva para visitarlo y llevarle cosas, sobre todo mercadería. Desde su llegada, sólo una vez pisó Desaguadero y fue porque había estado internado en el hospital y la ambulancia lo llevó hasta allí, recuerdan los antiguos pobladores del distrito paceño.

"Juez de Paz, Tafí Viejo y Tucumán", era la frase que Don Tapia, un hombre robusto y de mediana altura, repetía una y otra vez. Su tez era morena, tenía una larga barba y sus ojos marrones y profundos escondían vaya a saber que secretos de su pasado y que nadie logró descubrir, pero lo cierto es que, con el paso de los años este ser humano que se ganó el cariño de la gente sobre todo de los camioneros, logró convertirse en una gran historia de vida, para el pueblo de La Paz.

Tenía dificultades para hablar, sólo respondía con palabras sueltas y gestos. Vivía en una especie de cueva que él mismo se encargó de hacer, a un costado de la ruta 7, a unos 3 kilómetros al Oeste de Desaguadero. Durante 22 años ese sitio construido con trapos viejos y bolsas fue su hogar.

Algunos de los habitantes de la zona dicen que Francisco Tapia, llegó en 1970, cuando se estaba construyendo la ruta nacional N° 7, entonces la mayoría de los vecinos creyó que se trataba de un obrero más, pero se dieron cuenta con el tiempo que la obra avanzó, siguió su curso y Tapia fue quedando hasta que logró instalarse en la orilla de la ruta.

Aquellos que transitaban por la carretera lo encontraban sentado en la orilla con un tarrito que colgaba de un palo, jamás pidió nada, todo lo que recibía era porque en él los ciudadanos, veían a una persona especial, sobre todo los camioneros, que solían llenar el tarrito con agua y sabían detenerse solo a hacerle compañía. Muchos pasaban largas horas y hasta inclusive almorzaban o cenaban con él, en ese instante sólo el silencio los acompañaba ya que Tapia era de pocas palabras.

Así, la vida y la historia de este extraño vagabundo que llegó a La Paz, comenzó a tener repercusiones en distintas partes, porque la mayoría de quienes se detenían en su cueva, eran extranjeros.

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Ropa y calzado, no le faltaron jamás, pero nunca los usó, ya que las prendas recibidas las acomodaba en la cueva y armaba una especie de colchón para dormir más cómodo y atenuar los bravos fríos del invierno. Lo cierto es que eligió Desaguadero para quedarse, hasta que una mordedura de víbora lo mató en la siesta del 23 de abril de 1989.

Un extraño al que todos quisieron

De su pasado nadie sabía nada, se tejieron varias historias. Algunos dicen que el hombre llegó desde Tucumán donde vivía con su esposa y su pequeño hijo y que en esa provincia era dueño de una farmacia. Pero un cierto día la farmacia se incendió con su familia adentro y al llegar y observar esta situación, el hombre enloqueció y huyó de aquel territorio. Otros, cuentan que  su situación económica había sido muy buena y que tenía un hijo profesional que había venido a buscarlo. Se lo llevó pero a los pocos días Tapia regresó, para quedarse definitivamente, mientras que otra versión indica que el linyera luego de un accidente automovilístico donde murió toda su familia, sufrió un grave trastorno mental que lo llevó a la locura.

Una cuestión de fe y creencias populares

Luego de su muerte, la que causó profunda conmoción, muchos aluden a que Tapia es milagroso, sobre todo los camioneros que ante alguna dificultad en la ruta, evocan su memoria e inmediatamente la solución llega al instante.

Solo basta con detenerse y observar un pequeño santuario que se construyó en el lugar y cientos de cruces y placas de agradecimiento que son manifestadas con frases tales como “Gracias por el favor recibido” “Espero que nos sigas ayudando”,  "Muchas gracias por la casa de mi hijo y gracias por todos sus milagros. Nanci". “Que Dios te de todo lo que acá te faltó” y así varias inscripciones y objetos personales que la misma gente va dejando. En el lugar no faltan las flores y las botellas de agua. Pero también la mayoría dice que varias personas han sido curadas por el “Linyera”.

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