Gustavo Castro, el único submarinista de Santa Rosa, rinde su homenaje a los 44 tripulantes del ARA San Juan

Departamentales 03 de diciembre de 2017 Por
Las palabras y pensamientos del submarinista santarrosino, ya retirado, van mucho más allá, es una historia de vida, de lucha y de extrema camaradería. “Puedo decir a los demás, que estoy orgulloso de ser lo que he sido, un Marino Militar”

 “Yo era lo que nadie quería ser, yo fui donde nadie más quería ir, yo terminé donde nadie más quería empezar, yo nunca pedí algo a los que nunca dan nada, yo miré al terror en la cara, yo sentí el escalofrío del terror, yo me regocijé en momentos de amor, yo lloré, sufrí y tuve esperanzas, pero sobre todo viví esos momentos que otros dicen mejor olvidar, cuando llegue mi hora, yo podré decir a los demás, que estoy orgulloso de ser lo que he sido, un Marino Militar”.

Ésta es la historia de Gustavo Castro (56), un vecino del distrito de Las Catitas, del departamento de Santa Rosa, que contó su experiencia a Diario Diez, haciendo hincapié al complejo proceso de formación que se debe atravesar para embarcarse en un submarino.

“El Mono” Castro, como muchos en el pueblo lo conocen, tiene una historia de vida muy particular, que quizás pocos sabían. Durante treinta años trabajó en la Empresa de Electricidad en su departamento, pero 9 años de su vida estuvo en la Armada Argentina.

Su experiencia, le permiten hoy, mencionar la formación que cubre no sólo el aspecto académico y físico, sino también el psicológico, aptitud necesaria para poder pasar semanas sumergido en un ámbito cerrado a tantos metros de profundidad.

“Yo no conocía el mar, había ido a Mar del Plata a veranear, pero una cosa es ver el mar desde la costa y otra distinta es estar adentro, verlo sin costa, observar esa inmensidad, es un sentimiento que te conmueve, te atrapa”

La pasión transmitida por su padre

Era el año 1977 y con tan sólo 15 años, armó su valija y desde Mendoza partió rumbo a la Armada Argentina “Estudiaba electricidad en Junín, primero lo tomé como una aventura, pero luego me fue atrapando cada vez más”, comienza diciendo Gustavo, recordando emocionado que sus primeros pasos fueron transmitidos por su papá, Germán "Toto" Castro y como suele suceder, las pasiones se trasfieren a las nuevas generaciones “Ésta profesión me atrapó por el recuerdo de mi padre que estuvo en la marina, fue maquinista por muchos años”, afirma.

Estos días han sido más que especiales para Castro, él se embarcó en una de las experiencias más maravillosas y a la vez más riesgosas que un ser humano puede tener, la de sumergirse en la profundidad de los mares y contemplar la magnitud de la creación y del universo mismo.

El submarinista Gustavo Castro, detalló los pasos de la preparación que demanda esa especialidad tan particular dentro de la Armada y por la que pasaron cada uno de los 44 tripulantes del desaparecido submarino Ara San Juan, cuya Armada dio a conocer el anuncio luego de haber perdido el contacto en los radares cuando navegaba por el golfo de San Jorge, al sur de Puerto Madryn, en la sureña provincia de Chubut. Ellos, estaban cumpliendo la misión encomendada de realizar las tareas de vigilancia de pesqueros furtivos de países extranjeros que vienen, roban y depredan los recursos de todos los argentinos.

“Fui militar y particularmente submarinista”

"Todos sabíamos hacer todo, porque adentro de un submarino todos dependemos de todos" explica  Gustavo luego de haber estudiado en la Escuela de Mecánica de la Armada y haberse especializado en el año 1981 recibiendo el honor de ser uno de los submarinistas más sobresalientes. Entre navegar en superficie, en barcos navales; o hacer el curso de submarinista, eligió ésta última opción.

“Luego, tuve la oportunidad de integrar la Fuerza Marina” cuenta, al rememorar su embarcación en dos submarinos, el ARA Salta (S-31) un submarino tipo 209/1200 (denominada Clase Salta por Argentina) y el ARA San Luis (S-32), un submarino oceánico que le dejó un sinfín de aprendizajes.

Su experiencia también lo llevó a estar por seis meses en el Destructor ARA Py (D-27) fue el único de la Clase Gearing (modificado a nivel FRAM II) con que contó la Armada Argentina.

“Además de tener una relación personal permanentemente con los compañeros, es una situación de mutua confianza a tal punto de entregar la vida por la otra persona. Teníamos que saber de todo, era lograr un equilibrio entre los saberes prácticos y teóricos, tenía que tener amplios conocimientos de electricidad, maquinas, movimientos de agua, porque alguno de nosotros podía salvar cualquier situación”.

El Cabo 2° Sonarista Gustavo Castro, quien estuvo hasta el año 1985 especializándose, hoy recuerda a los 44 tripulantes del Ara San Juan y desde su terruño santarrosino acompaña a las familias en éste difícil y doloroso momento que están atravesando “Son 44 vidas, hay padres, esposos, hijos, hermanos, compañeros, camaradas y la única mujer, que hoy es la reina de los mares en la Argentina, tal cual el apodo que le puso su padre a Eliana Krawczyk”.

“Catitas”, así lo llamaban sus compañeros

Su compromiso, su gran trabajo y lo sucedido con el “Ara San Juan”, despertaron en Gustavo “El Mono” Castro, ésta sensación de nostalgias, porque lo ocurrido, cala más hondo entre quienes saben mejor que nadie cómo es vivir dentro de un submarino, recordar los espacios reducidos, las profundidades en la que estuvo, cómo eran sus horas de descanso en el submarino, su alimentación y sobre todo sus largas horas de estudio, hoy lo llevan a rendir un gran homenaje a éstos 44 héroes de la Armada Argentina.

“Me siento orgulloso de haber tenido ésta experiencia, uno elige ser marinista, te permite tener encuentros con uno mismo y con los demás, te hace ver la vida de manera diferente, hay cosas que te hacen despegar de lo más querido y cuando te desprendés, te unen aún más”.

Sin dudas que éste santarrosino es sinónimo de valor, coraje y profesionalismo. Como dijo Jorge Bergallo, el padre de uno de los tripulantes del submarino perdido “Esa es la Armada Argentina que, frente a la adversidad, afronta con hidalguía su compromiso. Ninguno de sus integrantes, jamás hicieron un paro o cortaron una calle. Pensemos el país y los valores que queremos dejarles a los que criamos”.

Gustavo, cerró la escotilla principal cientos de veces, navegó en las profundidades del mar por nueve años, en la oscuridad, compartió el mismo aire con compañeros que como él, arriesgaron su vida, por orgullo, por honor, por patriotismo.  

Gustavo, volvería a ejercer su profesión una y otra vez, porque en su mirada, en su tono de voz y en sus pensamientos el servicio a los demás, tiene prioridad.

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