¿Qué es el hambre? ¿Qué es la pobreza? ¿Qué es la desidia?

Departamentales 26 de noviembre de 2017
Impactante experiencia de tres santarrosinos en El Impenetrable Chaco

Dicen que se llama El Impenetrable por su abundante y tejida vegetación. Árboles como quebrachos, algarrobos y palos borrachos aparecen en las típicas postales de este bosque chaqueño bordeado por el río Bermejo y el Teuco. También suele haber chozas aisladas de las comunidades qom y wichi que viven en el territorio de más de 40.000 km2 de monte.

El Impenetrable Chaqueño se encuentra localizado al norte del país y comprende parte de Chaco, el Este de Salta, el Oeste de Formosa y el Noroeste de Santiago del Estero. Su población es de 60.000 personas y la mayoría de sus habitantes pertenecen a las comunidades wichis y tobas que se encuentran atravesadas por condiciones de pobreza y grandes precariedades sanitarias.

Hasta allí llegaron Lucas Laborda de La Dormida, Patricia Purulla de Las Catitas y Lucrecia Pereyra del distrito 12 de Octubre. Emocionados, inquietos, intrigados, arribaron éstos santarrosinos a tierras chaqueñas. Quizás estaban con el misterio de no saber con lo que se iban a encontrar, pero de lo que si estaban seguros es que ese pequeño granito de arena que aportarían serviría de mucho.

Lucas, comentó que el viaje surgió desde Tunuyán, junto a Héctor Manzano, un locutor de radio que desde hace muchos años viaja a la selva chaqueña, una zona olvidada y donde la pobreza, la desidia y el hambre están presentes en un país donde los ricos seguirán siendo ricos y los pobres lo seguirán siendo aún más. Fue así que se sumaron a ésta cruzada solidaria para ayudar a las comunidades Wichis, Qom y Toba que viven en la selva chaqueña.

“Llegamos el jueves a Mira Flores, el último pueblo antes del Impenetrable. Allí, descargamos un camión completo con ropa, mercadería, agua y varias cosas que donaron los sanatarrosinos y gente de Tunuyán. También viajaron algunos profesionales de la salud para atender sobre todo a los niños del lugar” cuenta Lucas, quién junto a sus compañeras se encontró con una cruda, pero verdadera realidad. “Viven en chozas de nylon, palos y ramas entre tres y cuatro familias juntas, bastantes desesperanzadas, pero confiadas que año tras año lleguen donaciones como las nuestras. Lo que más necesitan es mercadería, las comunidades Wichis, Qom y Toba, están alejadas, viven en plena selva”.

Pero una situación “tremenda” tan cual la denominó, fue la que impactó a Lucas y al contingente que llegó hasta esa zona y donde se encontraron con una familia muy particular “Están los Espinozas, donde el padre tiene hijos con sus propias hijas y la madre con sus hijos. Para ellos ésta situación es normal. Son comunidades totalmente cerradas, la mayoría de sus miembros sienten que están excluidos. Trabajan la tierra y crían algunos animales. Lamentablemente no tienen cultura del trabajo, muchas veces cuando reciben semillas las tiran y no las plantan” cuenta.

Hace tiempo el estado construyó casitas de material pero sólo para algunas familias, pero muchas viven en sus chozas, no tienen ningún servicio, no cuentan con luz ni agua potable, la pobreza y la desnutrición forman parte de éste contexto porque en El Impenetrable, la pobreza es inimaginable. Hay chicos con bajo peso que no reciben la alimentación adecuada y algunos han muerto por desnutrición, como el caso de Oscar Sánchez que con 14 años, pesaba 10 kilos, él como tantos otros niños, fue víctima de una desnutrición crónica, neumonía y otras enfermedades no confirmadas como meningitis y tuberculosis. Sin dudas es una realidad que las cifras oficiales no pueden ocultar.   

“Cuando llegamos estaban cocinando en el fuego, habían colocado una pequeña ollita con un pájaro, una zanahoria, dos papas y un puñado de fideos y eso iban a comer unas diez personas”.

“Nada impresiona más que entender que la pobreza más cruel, la más extrema, es la que te roba también la posibilidad de pensarte distinto”, sentencia Martín Caparrós en su libro de crónicas El Hambre, e interpela: “Usted, lector amable, un poco olvidadizo, ¿se imagina lo que es no saber si va a poder comer mañana? Y, más: ¿se imagina cómo es una vida hecha de días y más días sin saber si va a poder comer mañana? ¿Una vida que consiste sobre todo en esa incertidumbre y en el esfuerzo de imaginar cómo paliarla, en no poder pensar en casi nada más porque todo pensamiento se tiñe de esa falta? ”.

Allí estaban ellos, en El Impenetrable, Lucas, un Licenciado en Comunicación Social y que ha logrado vivenciar una de las máximas experiencias de su vida y junto a él Patricia Purulla, una docente de Las Catitas, quién pudo palpar una realidad tan distinta y enfrentarse con una situación para lo que ella se preparó y es la de enseñar, allí muchos niños no asisten a la escuela, mucha gente no sabe leer ni escribir. Lucrecia de la zona de 12 de Octubre estudia para ser maestra jardinera y su cariño hacia los más pequeños no se hizo esperar.

En el lugar sólo hay un docente y su historia de vida emociona hasta las lágrimas, “Sus deseos de superación fueron inquebrantables. Caminaba muchísimos kilómetros para poder estudiar en la escuela primaria, luego para terminar sus estudios secundarios viajaba en bicicleta 80 kilómetros diarios, se recibió de maestro y profesor de lenguas. Él, además de ser nuestro guía, nos llevó a conocer el lugar donde nació, un sitio marcado por la pobreza, pero a pesar de su vida, su padre siempre le inculcó que estudiar es lo mejor que podía hacer. Actualmente es maestro de estas comunidades, trabaja en la escuela y tiene 22 alumnos, también es el Secretario de Gobierno del pueblo y es sorprendente el respeto que le tienen los aborígenes” cuenta Lucas.

“Cuando estás ahí te das cuenta que las situaciones que a uno le ocurren no se comparan con lo que en El Impenetrable sucede, no solo con los aborígenes sino con los criollos que viven en esa zona”-

En el impenetrable las sombras de la noche se agigantan, allí se tejen historias en el amparo de una geografía que por muchos años fue casi inaccesible, en medio de tupidas vegetaciones, aldeas de tobas y wichis olvidadas por el progreso y el tiempo, estuvieron ellos, desde Santa Rosa, Mendoza. Le dijeron sí, a un lugar inhóspito al que muy pocos se aventuran a entrar, como en cada leyenda de cada rincón de ese enorme e Impenetrable chaqueño.

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