El televisor y su evolución - Por Pedro López

Departamentales 16 de febrero de 2021 Por Diario Diez
Un vecino oriundo de Santa Rosa, explica de manera simple e inteligente lo que simboliza esta tecnología que lleva décadas incorporada en todos los hogares a lo largo y ancho del mundo.

La historia de la televisión abarca la serie de descubrimientos científicos, adelantos tecnológicos y apuestas industriales que resultaron en la televisión. Incluye las innovaciones en el diseño, concepción, fabricación y distribución de los televisores. También implicó el desarrollo de las estaciones de programación televisiva que los alimentan con programación hasta hoy.

Pero también hay quienes como Pedro López de Santa Rosa, hacen un balance de la mágica caja que durante años conquistó rápidamente los hogares del mundo, desplazando en gran medida a la radio como medio predilecto para informarse o en torno al cual reunir a la familia.

El resultado fue una ganancia importante en inmediatez noticiosa y una mayor carga de poder y responsabilidad en los medios de comunicación. A partir de entonces tuvieron un alcance muy íntimo en los hogares, y el televisor se convirtió en una de los principales fuentes de información.

En su cuenta de Facebook, este vecino oriundo de la Villa Cabecera explica de manera simple e inteligente lo que simboliza esta tecnología que lleva décadas incorporada a nuestros hogares a lo largo y ancho del mundo.

Textual por Pedro López 

"Con el correr de los años, en la vida de todos las cosas han cambiado y para algunos, entre los que me incluyo, mucho y no siempre para mejor aunque así nos lo quieran mostrar.

Un ejemplo claro es, por ejemplo, el televisor. Aparato eléctrico que nunca fue de primera necesidad, no es electrodoméstico y que hoy en día parecería un elemento imprescindible en todo hogar, con dimensiones totalmente diferentes, más planos, más grandes muy grandes con funciones que están de más y muchas otras que jamás podrán usar o no conocerán nunca, cuenta además con un agregado que es motivo de peleas en la casa, discusiones y hasta problema familiares.

Estamos hablando de algo que en nuestra época jamás hubiéramos imaginado que podía existir, el control remoto, un aparato con más de cuarenta botones de diferentes colores del cual sólo se usan tres o cuatro, y que siempre debe apuntar hacia el televisor y tener pilas por supuesto, porque de no ser así se lo golpea en la pierna, en la palma de la mano o en la mesa para que funcione, caso contrario habría que levantarse y buscar en la parte trasera del televisor un diminuto botón y tocar según en signo + o - para aumentar o bajar el volumen o cambiar uno de los novecientos y tantos canales que hoy ofrecen.

Canales que se deben programar, además se puede programar encendido y apagado automático, grabar películas, funciona como despertador y hasta ver fotos de un pendrive o tarjetas de memoria. La señal llega por cable o a través de una señal de aire. Parece algo increíble y muy creativo, pero permítanme decirles que en mi época los televisores eran en colores blanco y negro, teníamos solo dos canales que eran el siete y el nueve, se cambiaba de uno a otro con una llave redonda y grande que sonaba bien fuerte cada vez que se giraba hacia un lado o el otro, tenía además, dos perillas más pequeñas que eran encendido y volumen y la otra era para el brillo.

Alrededor de la perilla grande, tenía otra circular y brillante que le dábamos vueltas, muchas vueltas a la izquierda y a la derecha para sintonizar cuando se veía con mucha lluvia. Aparatos marca Panoramic, General Electric, RCA o Philco eran habituales en cada casa, grandotes, con una pantalla medio salida hacia adelante color gris y con un marco grande y un culo pesado como la puta que lo parió, lleno de lámparas que se quemaban con las tormentas y se achicaba la imagen o se quedaba mudo.

Los más pudientes, o sea los que tenían plata, le ponían un aparato cuadrado que se llamaba estabilizador, una caja cuadrada que se ponía en la parrilla de abajo de la mesa del televisor, porque antes había mesa para el televisor y otros le ponían otro aparato más seguro, el buster, que no se sabía para que mierda era pero había que prenderlo antes que el televisor y desenchufar cagando cuando había tormenta, de nada servía cuando se agotaba en tubo, lo peor que te podía pasar, porque hasta la cosecha no lo iban a arreglar si era más caro que la mierda.

Las perillas se gastaban y le empezaban a poner hojas de diario dobladas haciendo cuña, o un palito de álamo para que hiciera presión. La señal era por antena, un caño que tenía una o dos parrillas de aluminio y se levantaba arriba del techo de la casa y se sujetaba con cuatro o más riendas de alambre de viña y se ataban en las esquinas de la casa. Siempre en la base del caño se ponía una tablita porque si no con el tiempo rompía el techo y se te llovía la casa. Un cable negro que se pedía como cable de antena, se conectaba en la parrilla antes de subirla arriba del techo, que para eso se necesitaban cuatro o cinco hombres que ayudaran y se conectaba pasandolo por una ventana a la  parte trasera del televisor y ahí venía lo más complicado que era sintonizar los canales, conseguir un técnico era casi imposible y el que venía te cobraba un ojo de la cara  te lo dejaba como el culo y te decía, es porque esta nublado, ya se va a ver mejor mañana.

Un pisito redondo tejido al crochet y un adorno arriba del televisor no faltaban y las veces que el viento desconectaba el cable arriba y tenias que bajar toda la antena para volver a conectar los cables con un cuchillo de serruchito. Alguna tormenta de viento y piedra aparte que te hacía cagar la cosecha te tiraba la antena al piso.

Un golpecito al costado para que agarrara volumen o un papel brillante de los atados de Jokey club  de mi papá para envolverlo en el cable de la antena increíblemente hacia que se viera mejor.

Hoy se corta la señal por la tormenta, esperas diez minutos y listo ya está todo sigue igual, antes una tormenta eléctrica te hacía saltar los tapones a la mierda y chau, hasta el otro dia, porque la pilastra de la luz estaba afuera y con todo húmedo no había huevos suficientes para tocar la caja de la luz.

Lejos de traer manual de instrucciones y un 0800 para preguntar, nos arreglabamos como podíamos y nunca discutíamos por el control, siempre el chico de la casa se tenía que parar a cambiarlo o simplemente veíamos el mismo canal toda la semana.

No todos podían tener uno en su casa,  así es que cuando había alguna pelea o un partido, algún vecino caía a ver a tu casa con la linterna en el bolsillo para volver por esas calles oscuras. 

Hoy en día todo es mucho más fácil, la televisión esta al alcance de todos y se los escucha decir: no hay ni mierda que ver en el televisor". 

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