Cruza el desierto para estudiar y rapea contra el coronavirus

Departamentales 16 de junio de 2020 Por Diario Diez (B)
Cristian que reside en un paraje llamado La Josefa y recorre, a diario, dos kilómetros para poder tener wifi y hacer sus tareas.
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Cristian Jofré vive en el secano lavallino. En época escolar asiste a las escuela albergue 4-254 de Arroyito, Lavalle. Para llegar a ella, dos semanas al mes, recorre en transporte 70 kilómetros. La cuarentena obligatoria no le fue fácil ya que para hacer sus tareas escolares debió caminar, todos los días, dos kilómetros en busca de wifi.

"No fue fácil este periodo lejos de la escuela. En mi casa no tengo acceso a internet y la única alternativa que me quedó fue asistir a una escuela que está a 2 kilómetros de mi casa, pero que la conectividad no es siempre buena, sobre todo, porque somos muchos los que nos reunimos allí para hacer las tareas", contó el joven que, además confesó: "Gracias a mis súplicas y rezos para que funcionara internet, hoy puedo decir que estoy al día con las tareas".

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Entre el estudio y el trabajo en el campo

La vida de Cristian transcurre entre el estudio y el trabajo en el campo junto a su padre que se dedica al cuidado de animales. Su familia está conformada por sus padres y tres hermanos.

Dado que Cristian concurre a la escuela dos semanas al mes, las otras dos, ayuda a su papá en diferentes tareas en el campo. Su madre se dedica a las tareas del hogar y sus hermanos también estudian.

"No reniego del trabajo, lo tengo que hacer, con frío o calor, pero prefiero ir a la escuela a estudiar", confesó y, además, aseguró que entre sus grandes pasiones también está la música. "Sueño con ser rapero".

“Mi anhelo es que esto pase y volvamos a compartir un espacio con los docentes y los compañeros, eso lo extraño mucho. Extraño la escuela, compartir charlas con mis amigos, con las profesoras. Al pasar tantas horas juntos uno se acostumbra y no es fácil la distancia, sobre todo acá en el campo, donde uno está muy solo, alejado de todo”, aseguró.

En plena pandemia, Cristian ensayó unas palabras para advertir sobre el coronavirus:

Entre las personas que más extraña aparece su profe Sandra a la que define como la mujer que lo impulsó a trascender. "Es una persona que se interesa mucho por los alumnos, nos incentiva a no bajar los brazos y a luchar por nuestros ideales", confesó.

"Yo soy una persona tímida, de baja autoestima y la profe me motiva constantemente y nos ayuda a cumplir los sueños y proyectos. Siempre nos dice que todo es posible, que nunca dejemos de internar lo que anhelamos", aseguró.

Su amor por el rap

Más allá del estudio, una de las actividades que más le apasiona al muchacho es el rap. "Mi pasión por el rap viene de muy pequeño, sin embargo, ya de grande entendí la disciplina y la analicé desde lo profesional. Hoy, con 16 años, sueño con rapear y recorrer varios escenarios con mis creaciones. No me veo de otro modo", dijo.

Al hablar sobre sus primeros pasos en el mundo rapero recordó: "Un día estábamos en la clase de Lengua y Literatura, con la profesora Sandra, y nos propuso escribir en un papelito cuál era nuestro sueño a futuro. Cada uno de mis compañeros anotó el suyo y yo hice lo mismo: me gustaría rapear”, contó el adolescente.

Pasaron los días y en una de las largas jornadas que el lavallino y sus compañeros pasan en la escuela, cuyo cursado es de 7 a 21, la profe propuso una batalla de rap.

"Ante el desafío subió un compañero de curso, pero faltaba un contrincante para la batalla. La profesora me insistió tanto por el micrófono que decidí subir y fui el hombre más feliz del mundo, no sólo por rapear, sino porque comprobé que podía hacerlo, que podía sacar mis miedos y pisar un escenario", narró el adolescente.

Ese fue el inicio de ese sueño que Cristian lucha por cumplir. Luego, un compañero le avisó que había un concurso de raperos en Santa Rosa. "Le insistí  tanto a mi papá para que me llevara que lo hizo y participé. Fuimos solos los dos, sin hinchada ni nadie cercano y la experiencia fue maravillosa", dijo Cristian.

Ya de regreso a su casa analizaba lo ocurrido y reflexionaba: "Pensar que ese papelito en el que reflejé cuál era mi sueño a futuro fue el punta pie inicial de todo esto y eso se lo debo a la profe Sandra, por ello, mi amor por la escuela, los profesores y mis compañeros".

Sobre lo que el rap significa en su vida personal, Cristian contó que es su forma de comunicarse y de expresarse con la gente.

"Siento que me es más fácil darme a entender rapeando que hablando, allí vuelco todo mi sentir", aseguró el estudiante.

Docente comprometida 

Sandra hace seis años ejerce la docencia en ese establecimiento y manifestó que la relación que tiene con sus alumnos es muy afectiva y mucho tiene que ver con el sistema de cursado.

Además, refirió que los docentes están muy vinculados con los alumnos y eso los lleva a conocerlos mejor.

"A Cristian lo he tenido como alumno durante 4 años y uno lo ve crecer y lo acompaña en su proceso. Yo supe de su amor por el rap y lo único que intenté para estimularlo y animarlo a apostar por su sueño es potenciarlo y hacerle entender que todos, cuando se lo proponen, pueden cumplir sus metas", culminó. 

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