Aurora tiene 75 años, navegó los últimos 10 y regresó en plena pandemia

Sociales 26 de abril de 2020 Por Diario Diez (M)
“Cuando estábamos llegando al canal costanero tuve una visión fantasmagórica del puerto de Buenos Aires, irreal, de ciencia ficción. Era una ciudad fantasma, no había un solo movimiento. Todo quietud”.

Aurora Canessa tiene 75 años y los últimos 10 los ha pasado navegando en un velero por los océanos del mundo, casi siempre en solitario. Este lunes 30 de marzo su velero Shipping atracó en la dársena norte del desolado puerto de Buenos Aires. Había partido de Barcelona hace meses y las primeras noticias de la pandemia la sorprendieron en alta mar, frente a las costas de Brasil. Ahora, cumpliendo la cuarentena en la casa de una amiga, porque vendió la suya para hacerse a la mar.

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Aún sin la crisis mundial por el COVID-19, su historia merece ser contada. Este presente le agrega solo un tinte dramático a su bitácora de vida. Pero por esta contingencia, es conveniente empezar por las últimas millas, las últimas páginas.

Es miércoles 1 de abril y en Buenos Aires llueve. En una de las amarras de Puerto Madero el velero Shipping se mece con las olas. Solo. No tan lejos de allí, en la casa de su amiga en San Isidro, “en una cama que no se me mueve y está sequita”, Aurora cuenta cómo se comenzó a enterar de lo que sucedía en el planeta, mientras estaba a bordo de su velero.

Si bien ha navegado casi siempre en solitario a bordo de la embarcación de casi 10 metros de eslora (largo), en los últimos 21 días la acompañó Omar Sánchez, un amigo y médico cardiólogo. “Estábamos en medio del océano, viviendo otra realidad, seguros de estar sanos, flotando en el mar. Y comenzamos a enterarnos que íbamos hacia el continente, donde todo era una locura”, dice, y cuenta que Omar definió así esta situación: “Estamos navegando con viento franco, ciñéndonos contra las malas noticias”.

“A medida que avanzábamos, se venían cerrando las fronteras. Nos enteramos que Argentina también estaba cerrado sus fronteras y yo, en mi corazón, pedía ¡espérenme, ya llego! La sensación, en medio del océano, era de desamparo. Una sensación desoladora. La de que mi patria, mi barrio, mi hogar, me estaba por cerrar las puertas. La sensación de que no nos querían en tierra”.

aurora-6-700x950 Aurora Canessa (75) regresó al puerto de Buenos Aires en plena pandemia, después de navegar 10 años

Ya frente a las costas de Brasil, frente al puerto de Río Grande do Sul, las autoridades no permitieron acercarse al Shipping, pero pudieron fondearse a una distancia prudencial y sus dos tripulantes, siguiendo con estrictos protocolos, pudieron aprovisionarse de agua, combustible y víveres suficientes. Luego levaron anclas, con rumbo al Río de la Plata.

Navegaron así 10 días, hasta avistar la costa argentina. Aurora resalta quequiero hacer un agradecimiento muy especial a Prefectura Naval Argentina del puerto de Buenos Aires. Ellos nos trataron con muchísima humanidad, mucho antes de llegar a puerto, mientras veníamos en viaje. Siempre nos estuvieron alentando, conteniendo. Nos decían:  Acá los estamos esperando, no se preocupen por nada. Fue una enorme tranquilidad, después de sentir que nos echan de todos lados como si tuviéramos lepra, de que no permitieran que nos acerquemos a ningún lado, que nos estuvieran confinados. Esa atención que nos dio Prefectura nos calentó el corazón y estoy muy agradecida”.

A las 14 hora argentina, del lunes 30 de marzo, en plena pandemia, el Shipping llegó a puerto argentino. Cumpliendo con todos los requerimientos sanitarios preventivos dispuestos por el gobierno nacional, lograron desembarcar.

Aurora está ahora completando los 14 días de cuarentena obligatoria, (10 ya los cumplió embarcada) y dice que “seguiré cumpliendo con el aislamiento obligatorio dispuesto por el presidente de la Nación, que está tomando las medidas acertadas”.

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Aurora Canessa y Omar Sánchez frente a Puerto Madero, instantes antes de atracar

Mujer de río y mar

Aurora Canessa tiene 75 años y su voz suena joven, alegre. “Te digo que tengo 75 y no me lo creo”, dice, riendo, y sostiene que “nunca hay que decir que no hemos podido cumplir nuestros sueños. En todo caso digamos que no los hemos cumplido… hasta ahora. Nunca digas nunca” y cuenta que “yo tenía 65 cuando decidí vender mi casa y salir a navegar. Zarpé el 17 de abril de 2010 para cumplir mi sueño de cruzar el Atlántico en solitario. Navegué por muchos océanos y ahora regresé con mucha felicidad. Nunca hay que dejar de intentar cumplir los sueños”.

Dice que, antes de navegante, “soy pescadora. Pesco desde los 4 años y me casé con un pescador deportivo”.

Recuerda que “primero tuvimos un botecito, después una lancha, más tarde un crucerito… Me divorcié a los 40 años, pero nunca pude separarme del agua”.

Dice que “cuando te separás, la economía cambia”, entonces “yo no tenía un peso, no tenía para pagar nafta y navegar, y empecé a preguntarme qué hacer. Entonces hice un curso de timonel, para navegar a vela. Voy a desmitificar mi imagen romántica, pero es cierto: empecé a navegar a vela porque el aire y el viento es gratis”.

Primero tuvo “un barquito de 4 metros de eslora (el Merlín II), empecé a navegar y mi vida se transformó. Primero por el río, pero después crucé a Colonia, a Montevideo, fui hasta San Clemente del Tuyú…”. En 1992, con su segundo velero, el Malabar, llegó a las Islas Malvinas.

Ganó después la regata 500 millas del Río de la Plata, con el Fulano, y después hizo construir el Shipping, para cumplir con su sueño de cruzar el océano.

Después de separarse y después de mucho trabajo y esfuerzo, Aurora logró formar una empresa. Un correo privado que se llama igual que su amado velero: Shipping. Cuando decidió hacerse a la mar, 10 años atrás y por si ocurría que regresara, dejó un poder para que la empresa quedara a nombre de sus empleados.

“Si hay algo que a mí no me ata, es el dinero. Yo soy reikista, tengo una convicción espiritual, más allá de lo material. Cuando vos emprendés un sueño, no podes ser materialistas”, dice.

“Yo hace 10 años solté amarras y hasta vendí mi casa. Mis amigos me preguntaban cómo iba a hacer, sin tener techo. Y no tengo miedo por eso, menos aún a quedarme sin dinero”, sostiene.

Cuenta que “mi empresa es mi familia. La gente que está ahí hace 20 años que está conmigo, son mi familia, porque ellos estaban siempre ahí, poniendo el lomo. El éxito de mi empresa es por el trabajo en equipo. Tengo un equipo admirable, de gente maravillosa, ¿cómo no voy a compartir lo que tengo con ellos?. Cuando abrís las manos, cuando compartís, te viene una enorme energía”.

Dice que que cuando la tormenta pase, vivirá a bordo, en su velero. Y cuando soplen buenos vientos, volverá a zarpar.

Por: Enrique Pfaab

Fuente: diariouno.com

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