Marta y Chola, las santarrosinas con más Vendimias sobre sus espaldas

Departamentales 19 de enero de 2020 Por Diario Diez
Han trabajado desde niñas, han cosechado desde siempre. Se trata de las hermanas Mercado y a pesar de estar jubiladas “con la mínima”, siguen trabajando “haciendo changuitas, arreglando jardines, limpiando casas…”.
20200119_185018
Gentileza

Tierra. Al fondo, las huellas de lo que fue una casa de adobe, que va desapareciendo con cada lluvia, con cada Zonda. Al lado otra casa, mínima, de ladrillos, sin revocar, sin terminar, de piso de hormigón apenas nivelado y que está cubierto de barro seco. Y adentro todo parece tener ese mismo color, de tierra, de adobe. Ellas parecen hechas de adobe, rajado por el tiempo.

“Se han muerto todos, quedamos nosotras dos nomás”, dice Marta, que se llama Cecilia “pero la mami me decía Marta, no se por qué, y me quedó”. Tiene 68 años, toditos en la viña.

“Estamos acá nomás. Acá nos dejaron los papis, que se murieron hace bastantito ya,… y acá nos quedamos”, dice Chola, que se llama Mercedes pero ya casi lo ha olvidado. Tiene 78 años, todos en la viña.

Son las hermanas Mercado, las últimas, aquellas a las que en La Dormida las reconocen como símbolo de trabajo. “No fallamos ningún día al trabajo, vea”.

hermanas-1-700x395
Viven al borde de la ruta 50, entre los dos principales distritos de Santa Rosa. Allí han vivido sus padres y, alguna vez, los 6 hermanos “antes que todos se murieran, menos nosotras”.

Son solteras. Nunca formaron pareja. Apenas está Mariana (26), hija de Marta, que es apenas una excepción que ya nadie recuerda como ocurrió.

Son analfabetas pero “yo sé firmar”, dice Chola, y “yo sé los billetes”, dice Marta.

Han trabajado desde niñas, han cosechado desde siempre, desde hace tanto que ya no tienen historia sin cosecha. Hace un tiempo Chola estuvo enferma y tuvo que dejar de hacerlo. “A ella le dio una neumonía, ¿vio? Le dio la neumonía por problema del tiempo, el viento, el frío y esas cosas. Además estaba desnutrida y la dejaron internada como una semana. Desde ahí que no trabaja”, dice Mariana, ordenando el relato. Marta acota que “Yo nunca he sido enferma y ella (Chola) es la primera vez".

Después Marta acota que cosechó el año pasado y dice que cosechará este a pesar de que, hace unas vendimias atrás, se cayó de su bicicleta cuando iba con el tacho a la finca “y quedé jodida de una rodilla”. Solo por eso, “este año voy a buscar un tachador, pero voy a ir igual”.

Y han trabajado aún después de jubiladas “con la mínima”. Y Marta sigue trabajando “haciendo changuitas, arreglando jardines, limpiando casas…”. Dice que no puede dejar de trabajar. “Lloré cuando me jubilaron de la finca”, dice.

La casa es mínima, precaria, sin terminar. Adentro se amontonan las cosas viejas, y las personas. Todo tiene color a adobe, a tierra. Marta duerme en lo que sería la cocina. Y hay dos piezas chicas. En una duerme Chola “porque necesita espacio para poder respirar mejor” y en la otra Mariana y dos niños, dos varoncitos de 2 y 4 años, hijos también de alguna excepción de la soledad. 

hermanas-5-700x950
-¿Qué ha sido lo mejor y lo peor que han vivido?

-La hemos pasado triste, nosotras…- dice Marta, y hay que salir en auxilio para evitar que la pena haga estragos.

-¿Y lo mejor?-

-…Que hemos trabajado… Eso,… que hemos trabajado- dice. Entre las dos tienen más de 120 vendimias en el lomo, además de “abrir surcos, envolver, atar, trabajar en la chacra… Todo, menos regar”.

“Hemos trabajado en la finca esa”, dice Chola, señalando con el dedo hacia el otro lado de la ruta, “que era la Millordo y ahora es La Auxiliadora. Ahí nos jubilamos las dos”.

Pareciera que en esta casa marrón la alegría ha sido el trabajo. Las charlas mejores han sido sobre él, los desafíos, los breves triunfos.

Marta y Chola se superponen en el relato, se complementan. “Antes se trabajaba mejor”… “Los patrones hacían que se trabajara mejor”… “El capataz que teníamos era bravo y hacía que se trabajara mejor”… “Íbamos a trabajar por 50 pesos, que se pagaban los sábados, y nosotras las mujeres no nos quejábamos. Esos espalderos que hay ahí los hicimos nosotras, las Mercado. Antes había muchas mujeres trabajando. Ahora son todos hombres y se quejan y no trabajan como nosotras, ¡son pura bulla nomás!… ¡Vaya usted a ver qué fea está la finca, llena de yuyos…!”.

hermanas-4-700x395
Marta y Chola han tenido una vida dura. La de Mariana, hija y sobrina, también lo es. Madre sola, sin trabajo estable, repasa falencias. Su preocupación mayor es que su hijo menor tiene bajo peso y no logra que aumente. Además “hace años que tengo en trámite un módulo habitacional que no ha avanzado” y que les resolvería el problema de hacinamiento. Es como si fuera la heredera natural de dificultades.

Allí están las tres, las hermanas Mercado, las que “somos guapas para el trabajo”. Las hechas de adobe.  Arruga sobre arruga. Fuente: Diario Uno. 

Te puede interesar