Nela, una historia de esfuerzo, lucha y valentía

El Vecino 19 de diciembre de 2019 Por Diario Diez
Es la historia de Haydée Beatriz Ibarra, una mujer de 44 años, valiente y temeraria que decidió contar su vida, sus batallas contra el cáncer y su amor infinito ante la llegada de su único hijo, Adriel Jesús.
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Hablar de cáncer hoy es hablar de transformación. Si bien todavía queda un largo camino para entender el tema en todas sus dimensiones, gracias a los avances médicos muchas personas se encuentran en un camino constante de lucha y, en lugar de ocultarse, han decidido contarle al mundo cómo la enfermedad las ha cambiado.

Ésta es una de las historias más profundas y sentidas. Es la historia de Haydée Beatriz Ibarra, la llaman Nela, una mujer de 44 años, valiente y temeraria que decidió contar su vida, sus batallas contra el cáncer y su amor infinito ante la llegada de su único hijo, Adriel Jesús.

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La vida cambia y uno cambia con ella. “Solo yo sé lo que he pasado”

Si hay una palabra que subraya, resalta y engloba su historia, sin lugar a dudas, es “Actitud”. Para ella, esa es y fue siempre la clave para encarar cualquier tratamiento y para sobrellevar lo que venga, con valentía, con voluntad.

Nela está en la cama, se preparó para ésta nota, previo, haberlo consultarlo con su esposo Adrián Arancibia, a quien lo llama “El amor de su vida”. Ambos, decidieron hablar sobre el amor, ese que supera cualquier sentimiento en el mundo.

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Él, está a los pies de la cama, la acaricia y le hace pequeños masajes en los pies y mientras la observa una y otra vez, deja de tanto en tanto deslizar algunas lágrimas. La mirada del “Chino”, como ella lo llama, es pura, transparente, deja brotar un sentimiento que nace de manera instantánea, casi como si activaran un interruptor en su alma y no lo desactivaran jamás.

“Fue amor a primera vista” comenzó diciendo Nela, con su voz baja y sumida en la emoción “Llevamos doce años de casados y estuvimos cuatro de novios. Hemos estado siempre juntos, luchándola”.

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Y ambos se miran…

“Nos casamos un 20 de enero en la Parroquia Santa Rosa de Lima. Nos casó el Padre Sergio Tejada, fue mágico. Y nuestra luna de miel fue en Mar del Plata, ¿Te acordás Chino?” le dice con mirada pícara.

“Recuerdo que cuando llegamos nos habían cambiado la habitación y nos pusieron en camas separadas, luego nos fuimos a la playa y regresamos al hotel por la noche, nos llenamos de ampollas de tanto estar al sol, pasamos varios días así”, recuerda “Luego, al regresar, paramos en una Estación de Servicio, me bajé del colectivo para ir al baño y cuando salí, el colectivo ya no estaba, me desesperé” cuenta entre risas, “Luego corrí y corrí, hasta que lograron verme. El Chino se mataba de la risa”.

“Nos conocimos en un boliche a través de una amiga, él me miró primero (sonríe). Fue amor a primera vista y nos enganchamos en el momento, no esperamos nada”.

“La peluquería fue mi vida, me encanta, vivía por ella”

“Nos casamos y vivíamos aquí, en la casa de sus padres, ambos trabajábamos y yo estaba hasta tarde en la peluquería”, dice en su relato.

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Nela, durante la mayor parte de su vida abrazó la peluquería, profesión que estudió y la que la llevó a convertirse en una de las mejores estilistas de Santa Rosa. Constantemente hacía cursos y capacitaciones para perfeccionarse. Durante muchos años fue la peluquera oficial de las reinas.

“Estuve diez años para poder tener un hijo”

“No podía quedar embarazada, entonces decidimos hacer un tratamiento de fertilización in vitro y luego de varios intentos quedé embarazada. Nuestra felicidad era enorme”.

“A los tres meses tuve una fisura en la bolsa y al hacerme una ecografía el bebé no se veía, sólo se escuchaban los latidos. Luego el médico me dijo que el embarazo lo daba por perdido. Decidí cambiar de médico y la nueva doctora, me dijo que hiciera reposo, que un 50% era mío y el otro del bebé y que tomara mucha agua. Hice reposo un mes en cama, porque era un embarazo de riesgo”.

“Luego al comenzar el cuarto mes, comencé con dolores en uno de los ovarios, hasta que me hice unos estudios y descubrieron que tenía un tumor de más de 16 centímetros” dice.

“Comencé a adelgazar cada vez más y se me hinchó una pierna. Me operaron y solo extrajeron una parte del tumor que tenía en el ovario”.

“Habían ganglios activos y a los cuatro meses la sometieron a una operación para explorar el lugar” cuenta el Chino. “Tuvimos que esperar 30 días. Allí nos dijeron que la Nela tenía un tumor cancerígeno".

“Los médicos hablaron conmigo” dice el Chino, “Si los médicos extraían el ovario pronto, había una posibilidad de que el tumor desapareciera y no había riesgo, pero al hacerlo el embarazo se vería interrumpido”.

 “Les dije que yo quería la vida de mi hijo y no la mía”

“A pesar de todos los diagnósticos, decidí seguir adelante con mi embarazo, como sea, yo a mi hijo lo iba a tener, porque me costó diez años para tenerlo, porque si Dios me lo mandó, no me lo iba a quitar y que me daría fuerzas para seguir. No me importaba la vida mía, me importaba la vida de él”.

Si bien admite que hubo momentos en donde la invadía la angustia, la tristeza y la desolación. Momentos en los cuales veía su imagen reflejada en el espejo y notaba cómo iba cambiando su cuerpo, especialmente su pelo, ella supo desde ese instante que el único camino posible era luchar.

El momento de la operación

“Me hicieron una cirugía y cuando salí, observé que tenía tapado todo el pecho hasta la altura de los ovarios, había sido una operación profunda”, recuerda.

Nela, suspira en su cama, comienza a llorar y dice “El Adrian, me tocaba y yo lo rechazaba, porque yo le preguntaba por el bebé y él sólo me decía quédate tranquila, yo pensaba que me lo habían sacado. Yo le dije a él, (por su esposo) si me sacaban a mi hijo no se lo iba a perdonar nunca más, porque yo al bebé, lo tenía que tener”.

Las quimio durante el embarazo, la angustia, la impotencia

“Me hicieron quimios estando embarazada y gracias a Dios logramos resistirlas con mi hijo”

El “Chinito” nació un 23 de noviembre, y este 2019, cumplió sus 3 años y no se desprende de la cama donde está su mamá. El pequeño la abraza, la contiene, la cuida, la ama. Luego de dar a luz, y de haber estado siete meses internada en la Clínica Misericordia del Hospital El Carmen, quedó unos meses más, porque inmediatamente comenzó con las quimioterapias nuevamente.

“Previamente, momentos antes de que naciera mi hijo, varios enfermeros y médicos llegaron hasta la habitación, como a despedirse de mí y yo les dije, yo no voy a ir a terapia, yo voy a seguir adelante y así fue”

“La luz de mis ojos”

“Cuando nació, me lo pusieron aquí, en mi pecho, cerca del corazón, vos vieras que hermoso y le dije al doctor ¡Vio que nació mi bebé! Y me dijo emocionado, si Haydée, quédate tranquila, luego me durmieron y no supe más nada, allí me operaron y me sacaron los ovarios.

“De aquí no pasan. Le daban solo seis meses de vida”

“Los milagros no los contamos, me dijo el médico” dice en la nota el Chino. “Es muy difícil que ambos salgan con vida, pero la fe era más grande, el bebé había nacido con 1 kilo 400 gramos y al otro día de haber nacido bajó a casi a 1 kilo” afirma.

Recorrimos todo el hospital, andábamos con la cama en todas las piezas, prácticamente vivíamos allí, estuvimos varios meses.

“El tumor de Nela, es de contacto agresivo, donde toca hace daño”

“Vale la pena luchar por un hijo”

“Cuando Dios decida llevarme, yo sé que le voy a dejar algo muy hermoso a mi marido, sé que me lo va a cuidar y todos van a cuidar a mi hijo, porque estaré dejando una parte mía. Logré tener a mi hijo”.

“Vino el Padre Marcelo a verme, estoy más tranquila, los médicos me dijeron que me queda esperar, yo siempre les dije que nunca me mintieran, que siempre me dijeran la verdad, yo sé que la verdad duele y mucho. La doctora me dijo que me tranquilizara y que Dios sabe cuándo va a llegar el momento, que trate de aflojar que al ser tan dura yo, Él no me puede llevar. Saco fuerzas de donde sea, porque quiero estar más tiempo con mi hijo, pero ya no doy más. Ahora ya no siento dolores, sólo me quiero ir tranquila.

Manos que la sostienen

“Hay tanto por decir y agradecer, tengo un esposo de fierro, se preocupa, me respeta, me ama. Mi mamá siempre me dio fuerzas, mi papà todo el amor que un padre puede dar a un hijo y toda mi familia en general, el Padre me dijo que transmito mucha paz, con todo lo que me está pasando. Siempre dije que ésta era una prueba que Dios me estaba dando, porque quizás Él, quería saber si realmente yo quería ser mamá o quería tener un hijo por tener”.

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“Tengo amigas incondicionales, que siempre estuvieron a la par, la familia de mi esposo que me cuida, que esta sosteniéndome, que lucha conmigo y que me ama. Quiero decirte además que amo a mis hermanos como a nadie, a Flavia y a Gustavo, y que me duele en el alma el saber que esta la posibilidad de dejaros, pero una parte de mí, estará siempre con ellos”.  

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“No sé cuánto tiempo me queda”, se sincera mientras se le quiebra la voz. Pero, su inquietud, en definitiva, es universal. ¿Quién sabe a ciencia cierta cuánto tiempo le queda? La respuesta sigue siendo un interrogante, pero bien vale la lucha.

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