Santa Rosa y su misterioso “Monte de las ánimas”

Departamentales 17 de diciembre de 2017 Por
Ésta historia sucedió en los campos ubicados al Norte del distrito de Las Catitas. Fue en el año 1948.
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Todo lugar existente es semilla de creación para mitos y leyendas. Algunos vecinos más osados de Las Catitas, se animaron a confirmar a Diario Diez sobre la existencia de éste monte, no muy grande, de dimensiones más bien pequeñas, donde una extraña luz aparecía y que por muchos años fue el comentario del pueblo y sobre todo los puesteros del campo.f003402
Se dice que en el lugar más alto del monte, aparecía una luz roja que acompañaba a los viajeros que transitaban por el lugar, aquellos que ingresaban por la calle Guiñazú y se dirigían hacia el Norte de Las Catitas, alguna vez la vieron.

Allí, en ese lugar, la zona del campo es agreste, el calor es abrazador y la sequedad raja la tierra, cuando el astro aprieta. El clima es seco y la tierra agrietada, donde las piedras reflejan la impiadosa luz natural que aumenta aún más la temperatura.

Mientras que en el invierno, el camino marcado sobre la tierra firme, con piedras punzantes y arena frondosa, el frío cala los huesos y allí en varias oportunidades en el lugar más alto del monte, la luz aparecía y con ella, se escuchaban extraños ruidos de cadenas, tropillas, carros y carretelas.

“Algunos hombres quisieron desafiarla, pero terminaron perdiéndose en el camino. Imagínese, que ni siquiera los animales querían pasar por el lugar”.

Por muchos años, en el pueblo de Las Catitas, ubicado a unos 96 kilómetros al Este de la ciudad de Mendoza, nunca logró conocerse el origen de la luz. Los relatos de algunos vecinos dicen que cada vez que la luz aparecía su tamaño iba disminuyendo.

Los lugareños expresaban que eran las almas en pena que buscaban contar sus desdichas a quien querían escucharlas, para que los ayudaran a obtener la paz que buscaban y el perdón divino. Otros, decían que era la luz mala y vivieron por años aterrados, señalaban que se trataba de un alma en pena de un difunto abandonado, que emergía al mundo de los vivos clamando justa venganza, reclamando simplemente por el lugar donde había sido enterrado.

El viajero que la vio por última vez, cuentan que percibió un destello y desapareció. Pero también se decía que para librarse de aquella luz mala había que sacar del cinturón la vaina de un cuchillo y morderla.

Por las dudas nadie se anima a hablar del “Monte de las ánimas”, ni a contar nada más, por temor, porque en aquellos años, la presencia de la luz fue un verdadero misterio y en la memoria de los pobladores más antiguos, se mantiene intacta ésta historia que muchos conocían, pero que nadie se anima a detallar.

 

 

 

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